Giménez celebra el gol que da la victoria al Atlético ante el Inter - Fotografía: Club Atlético de Madird
¡Qué manera de subir y bajar de las nubes!, canta Joaquín Sabina en Los motivos de un sentimiento, y el Atlético de Madrid es el mejor ejemplo para demostrarlo. Un equipo que nunca dejó de creer y que, en el minuto 93’, se levantó con un regate de su comandante, José María Giménez.
El uruguayo, después de un córner botado por Griezmann, saltó más alto que todos, ganó a la defensa del Inter y marcó el 2-1 para el Atleti, dando al equipo de Simeone una victoria importantísima que lo acerca al top-8 de la Champions League.
Simeone había sorprendido unas horas antes eligiendo un 4-5-1 para enfrentarse al 3-5-2 del conjunto italiano, que hasta hoy no había perdido puntos en la competición europea. Gallagher fue el elegido para acompañar a Julián en el ataque, en un rol libre por detrás del delantero argentino, mientras Giuliano y Baena ocuparon las bandas. Johnny Cardoso volvió a jugar tres meses después, con Koke iniciando desde el banquillo. El estadounidense fue uno de los jugadores que fue de menos a más, lógico tras una ausencia tan larga.
Los laterales, Ruggeri y Molina, mostraron un muy buen nivel durante todo el primer tiempo, y el primer gol llegó precisamente después de una gran presión del lateral argentino. Musso fue titular por la lesión de Oblak y salió con buena nota del partido.
El Atlético golpeó primero
El Atlético golpeó primero en una jugada nacida de la presión alta del equipo local. Molina robó la pelota en el centro del campo y se la entregó a Giuliano, que centró para Baena. El balón impactó en el abdomen del internacional español y quedó suelto para Julián, que no tuvo problemas para marcar con un zurdazo.
En un primer momento, el árbitro francés anuló el gol al considerar mano de Baena, pero la revisión del VAR corrigió la decisión: la pelota había pegado en la tripa, no en la mano del “10” rojiblanco.
Un gol que devolvió el ambiente del Metropolitano a 2024, cuando los hinchas colchoneros celebraban con linternas para picar a los italianos, algo que repitieron tras el tanto de Julián. Por cierto, la grada del Metropolitano estuvo increíble, con un tifo espectacular en la salida de los jugadores.
Los nerazzurri tardaron en reaccionar, pero cuando lo hicieron dejaron claro por qué son un equipo grande. Buscaron el empate y metieron al Atleti atrás, pero Musso estuvo atento. Barella tuvo la más clara tras un magnífico pase largo de Bastoni, pero su remate se estrelló en el larguero.
Un rival: finalista de Champions
El Inter arrancó mejor el segundo tiempo y sometió a un Atleti que defendía con todos sus jugadores por detrás del balón. En el minuto 53, Zielinski combinó bien con Bonny, ganó a Giuliano y a Molina, y marcó el 1-1. El gol obligó a Simeone a mover el banquillo: minutos después entraron Nico, Pubill y Koke por Molina, Cardoso y Gallagher.
Los cambios despertaron al Atleti, que rozó el 2-1: primero con Nico, tras centro de Ruggeri, y luego con Baena, que probó con la derecha y el balón salió rozando el palo. Simeone siguió ajustando y en el 67’ agotó los cambios con Griezmann y Sorloth por Ruggeri y Baena. Nico pasó al lateral izquierdo y Julián —y luego Griezmann— ocuparon la banda izquierda.
El noruego tuvo una gran oportunidad, pivotando ante Bastoni y rematando de primeras, pero el balón salió por fuera de los palos de Sommer.
Los rojiblancos crecieron en los minutos finales. Simeone pasó a un 3-5-2, con Pubill como tercer central y Giuliano y Nico como carrileros. El gol se percibía en el ambiente y llegó en el tiempo añadido. Griezmann avisó con un remate propio de su clase y Pubill, desde la derecha, generó peligro constante, haciendo pensar a todo el Metropolitano por qué no tiene más minutos.
Apareció San Josema
El tiempo corría y todo parecía indicar que el partido acabaría 1-1, un resultado que no dañaba al Inter pero alejaba al Atleti del top-8. Hasta que apareció San Josema. Un cabezazo imponente en el 93’ desató la locura en el Metropolitano.
Un gol puro Atleti. Un gol con alma, como aquel de Godín en el Camp Nou hace una década. No fue solo con la cabeza: fue con el corazón.
