Vinicius J.r. vs City | Foto: RM
El 10 de diciembre de 2025 quedará en la memoria de muchos madridistas por ser otra noche agridulce: Real Madrid 1–2 Manchester City en la Champions.
Un resultado frío, una derrota en casa frente a uno de los mejores equipos del continente. Pero entre la tristeza y el enfado hay matices que vale la pena destacar antes de recurrir al botón del pánico. El equipo se adelantó gracias a Rodrygo, pero vio cómo Nico O’Reilly primero y luego Erling Haaland le dieron la vuelta al marcador antes del descanso. Fue un partido en el que los vikingos dominaron momentos pero pagó caro sus errores y su falta de puntería. Mientras tanto la afición continua hambrienta de respuestas.
A la hora de buscar culpables, es fácil señalar a Vinícius Jr., la mayoria lo hace cada vez que falla un gol que parecía cantado. Sin embargo, culpar a Vinícius por la mala racha general del Madrid es una justificación un tanto pobre. Él es precisamente quien más lo intenta y más asume riesgos ofensivos constante, es quien desborda y quien genera situaciones de peligro constante. ¿Cuántos delanteros en el mundo tienen el coraje de regatear rivales tan grandes y buscar soluciones incluso cuando el resto del equipo parece atascado? Obviamente es el que más falla, precisamente porque no es un jugador espectador, es quien más participa en las ocasiones claras del Madrid. Ese compromiso, aunque no siempre se traduzca en goles, es valioso y difícil de encontrar.
Por otro lado, sí , el Madrid tiene problemas hoy. La racha de resultados es breve solo tres victorias en nueve encuentros después del clásico, con derrotas y empates que han encendido las alarmas en prensa y redes. Eso duele a los blancos y merece un análisis correspondiente. El equipo tira muchas veces el entusiasmo por la borda y juega partes en las que le falta energía, dinamismo y claridad arriba. Parece que algunos futbolistas estuvieran sin gasolina o sin la chispa que se espera de un club que aspira a todo. No es casualidad que el Bernabéu haya pitado a su propio equipo en momentos como el partido de champions del miércoles.
Pero de ahí a afirmar que nos encontramos ante una catástrofe o a exigir la cabeza de Xabi Alonso… Hay una diferencia. El Madrid no puede considerarse en “crisis” tan pronto, ni podemos olvidar de un plumazo que estamos apenas en la mitad de una temporada cargada de exigencias, partidos y competiciones. Xabi Alonso llegó con ideas, con un proyecto nuevo, con un vestuario en transición y con circunstancias difíciles, incluidas varias bajas. Esperar que venga “un entrenador milagroso” que cambie la historia de la noche a la mañana es tan iluso como injusto. Un imperio no se reconstruye en dos días. Tomar decisiones drásticas a la primera señal de error suena más a pánico que a sensatez.
Claro, estoy de acuerdo en que el Real Madrid, el equipo de la grandeza, no debería conformarse con actuaciones como estas. No es cualquier equipo, es un club legendario con estándares altísimos, y cuando no compite con la intensidad y el hambre propio de ese escudo, la crítica es normal y, por supuesto, justificada. Esta plantilla tiene talento de sobra, pero también necesita recuperar esa chispa competitiva a la que nos tenían acostumbrados. Falta esa contundencia en el último pase de jugadas claves, la determinación para cerrar partidos ante rivales grandes y esas ganas de competir que levantan al público.
En este contexto, sacamos varias conclusiones. Primero, Vinícius merece más respaldo que reproches, falla goles porque decide, porque busca romper líneas y crear peligro cuando muchos apagan sus motores. Y Xabi Alonso, con todos los focos encima, merece el beneficio de la duda, una última bala, no porque esté libre de errores, sino porque nunca un proceso serio debería llevarse a cabo a la velocidad de los rumores o de los titulares sensacionalistas. El Madrid puede y debe ponerse las pilas, sí, pero hacerlo con coherencia, paciencia y exigencias realistas, no sin cabeza, es la manera de volver a ser lo que siempre ha sido: un club capaz de superar adversidades y, sobre todo, un equipo que todavía no ha dado el último golpe en la mesa esta temporada.
