Mbappé, Asencio y Arda Güler | Foto: RM
Victoria necesaria del Real Madrid, donde el público fue el gran protagonista de un encuentro ante un Levante que controló hasta que apareció la calma de Arda Güler.
El Santiago Bernabéu vivió una tarde extraña, más pendiente de la grada que del césped durante muchos minutos. Pañuelos, pitos, gritos de “Florentino, dimisión” y un ambiente claramente enrarecido. Ya desde el calentamiento las quejas constantes del público marcaron el inicio de un partido que el Real Madrid necesitaba ganar casi tanto por la clasificación como por orgullo.
El Madrid venía tocado, señalado y con varios jugadores en el foco, especialmente Vinicius y Bellingham, recibidos con una pitada notable. Una semana convulsa: Supercopa perdida contra el Barcelona, destitución de Xabi, nombramiento de Arbeloa, expulsión de la copa del rey en Albacete… Y sobretodo jugadores que se paseaban por el campo sin luchar a penas por un balón. Si algo estaba claro es que la tarde de hoy iba a ser clave para despertar a ese antiguo Bernabéu que se quejaba, y que lo haría con la esperanza de que también despertara el equipo.
El Levante, por su parte, aterrizaba en Chamartín con la lección aprendida, buscar los fallos que venían cometiendo los blancos partido tras partido. Mantener el bloque bajo, paciencia y esperar que el estadio jugara su propio partido. Y durante muchos minutos, así fue. El Levante, ordenado y sin complejos, llegaba dispuesto a aprovechar cualquier duda merengue.
Una primera parte espesa y con bronca
El arranque del partido fue más ruido que fútbol. Cada toque de Vinicius generaba sonido, cada error lo amplificaba y el equipo de Arbeloa jugaba con más ansiedad que claridad. El Madrid presionaba alto, pero sin continuidad ni precisión, y le costaba horrores generar ocasiones limpias. El público, por su parte, acertado o no, dedicó la primera mitad a juzgar casi constantemente los errores encadenados por su equipo, y esto cada vez ponía más tensos a los de Chamartín, fallando, perdiendo balones y sin generar jugadas realmente importantes.
El Levante, bien plantado, fue creciendo poco a poco y aprovechando estas situaciones. Sin excesivos alardes, pero cómodo, encontrando pases en campo rival y obligando al Madrid a correr hacia atrás en más de una ocasión. Mbappé, como de costumbre, tuvo la primera, y más clara, en el minuto 20, con un intento tras un pase largo, pero Ryan leyó bien la acción.
Esta primera parte dejó un par de apuntes concretos y poco más. El Madrid intentó estirarse con pases a la espalda de la defensa buscando a Mbappé, llegando en otra acción clara tras un envío de Asencio que obligó a Ryan a estar atento por segunda, y casi que última vez. Mientras tanto el Levante respondió con llegadas esporádicas y disparos lejanos sin demasiado peligro, pero que sí incomodaron a Courtois.
Lejos de estas acciones, ninguno de los dos equipos lució en exceso. El partido, con algo de la hora de la siesta, estaba espeso, falto de ritmo y continuidad, y más que las jugadas sobre el césped destacó la polémica reacción del público, con pitos constantes, pañuelos y un Bernabéu más pendiente de señalar culpables que de empujar a los suyos. El descanso llegó con empate, con la grada encendida y con sensación de que el partido pedía un giro urgente. Los pitos despidieron al equipo camino del vestuario y el Bernabéu dejó claro que no era una tarde cualquiera.
Una segunda parte que cambió Arda Güler
Y el giro llegó con nombre propio: Arda Güler. El turco entró tras el descanso y, de repente, el Madrid empezó a jugar a otra cosa. Más pausa, más criterio y más amenaza entre líneas. El equipo ganó metros y empezó a encerrar al Levante. El 1-0 llegó tras una jugada que define como estaba el partido. Arda espera, filtra para Mbappé, el francés caracolea en el área y Dela le derriba. Penalti claro que Mbappé transforma con frialdad para liberar, al menos en parte, la tensión del estadio.
Con el marcador a favor, el Madrid fue claramente superior. Ryan se convirtió en el mejor del Levante, sacando manos imposibles a Bellingham, Mbappé y hasta un disparo colocado de Arda. Pero tanta insistencia tuvo premio. En un córner sacado con precisión por Güler, Asencio voló por encima de todos y clavó un cabezazo a la escuadra para el 2-0.
A partir de ahí, control blanco, ocasiones claras y un Bernabéu dividido hasta el final. Vinicius alternó aplausos y pitos, tuvo varias acciones individuales y se marchó rápido al vestuario tras el pitido final. El Madrid ganó, se coloca a un punto del Barça, que juega mañana ante la Real Sociedad, y respira, aunque el ruido sigue ahí.
Victoria necesaria, más trabajada de lo que refleja el marcador, con Arda como guía y Ryan como salvavidas para evitar una goleada que habría cambiado el tono del final. En el Bernabéu, aún con la victoria, nada es sencillo últimamente, y tampoco se prevé que lo sea. Ahora los blancos ponen la vista en el Mónaco, porque el Bernabéu no acepta más errores, y menos en Champions.
