Fuenlabrada contra Getafe B. Foto: Paula Cárdenas
Resultado gafas en el estadio Fernando Torres, correspondiente a la jornada 27 del grupo 5. Partido de segunda federación que enfrentó al tercero contra el decimotercero.
Los azulones son de los equipos más en forma de segunda federación, pero hoy les tocaba jugar en terreno pantanoso, de visitante, donde más han sufrido desde el inicio de la temporada. Si no fuera por este contexto tan poco familiar posiblemente estarían liderando la tabla de clasificación, pero en este caso no se tuvieron que desplazar tan lejos de su casa. El Fuenlabrada no está viviendo su mejor momento, y ya se ve lejano esa última victoria ese 24 de enero, justamente frente a un equipo madrileño, el Rayo B.
La actualidad de ambos conjuntos en principio puede parecer como el Yin y Yang, pero al final nunca es lo que se transmite en la cancha. No fue como un enfrentamiento entre David y Goliat, sino que fue un ida y vuelta sin mucha teatralidad. Alexandre Álvarez, el árbitro del encuentro, cual leñador con hacha, no perdonó y repartió cartulinas al banquillo del Fuenla. Justamente tuvo un rol de antagonista en este partido, y cada acción que pitaba no terminaba de favorecer a los locales.
El Getafe B salió sin miedo y con la mirada fija de cara a portería. Pese a esto, la impenetrable defensa del Fuenla se iba a encargar de evitar un gol que pudiera complicarle las cosas. Los duelos a base de patadas fueron de lo más vistoso de comienzo a fin. Llegó al punto de que era imposible poder pisar el área rival sin recibir un regalo poco amistoso. Los porteros eran otros espectadores más y a fortuna de ellos no tuvieron muchas exigencias ni disparos que merecieron una parada digna de fotografía.
El verdadero derbi iba a comenzar a la par de la segunda parte. El entrenador, Rober Ortiz, tuvo que empezar a quemar las naves y volcar sus jugadores al ataque. En parte sabían que era la oportunidad de ganar y terminar esta racha interminable para iniciar otra digna de este escudo histórico del fútbol español. Se vieron las jugadas más claras tanto de un lado como del otro y despertaron los cánticos de la afición. Todo esto terminó en la nada, demostrando lo que fue un derbi igual de frío que el clima que había en Madrid.
