Mbappé y A.Carreras | Foto: RM
Mestalla fue una caldera, pero el Valencia se fue apagando con el paso de los minutos y el Real Madrid, sin hacer un gran partido, aprovechó para llevarse los tres puntos.
El Estadio de Mestalla acogía un duelo de los de alto voltaje. El Valencia recibía al Real Madrid en la jornada 23 de LaLiga EA Sports, un choque marcado por la tensión de la clasificación y de la afición local. El ambiente, como de costumbre, prometía ser intenso, con Mestalla entregado a su equipo y expectante por ver un gran espectáculo.
El Real Madrid llegaba a «La Terreta» como uno de los grandes protagonistas de la temporada, ocupando la segunda posición de LaLiga. Partidos convulsos de los merengues pero con la ambición de seguir en la pelea por el título, a pocos puntos del líder. El equipo de Álvaro Arbeloa encadena una racha positiva en Liga respecto a victorias. Partidos generalmente sin ritmo ni emoción, pero que buscan seguir sumando para mantener la presión en la zona alta. Sin embargo, las bajas condicionan la preparación. Figuras importantes como Vinícius Jr., Jude Bellingham y Rodrygo no están disponibles, y eso deja gran parte del peso en Kylian Mbappé, autor de muchos de los goles del equipo esta temporada.
Por su parte, el Valencia llegaba con la motivación de continuar una progresión notable, sobre todo en Mestalla, donde ha encadenado varios encuentros sin perder. El conjunto dirigido por Carlos Corberán confía en mantener su buen estado de forma en casa y dificultar el juego del Real Madrid. El objetivo valencianista es claro, sumar puntos para alimentar las esperanzas de escalar posiciones en la tabla y alejarse de la zona de descenso.
Una Primera parte espesa
Los primeros 45 minutos en Mestalla dejaron más ruido que fútbol. El Valencia salió valiente, con la presión alta y logrando incomodar durante muchos minutos a un Real Madrid plano, sin ideas y excesivamente previsible.
El Madrid sufrió para salir desde atrás. Ni Camavinga ni Tchouaméni lograron dar continuidad al juego, y el balón parecía que quemaba en los pies blancos. Solo Arda Güler, volcado demasiado a la izquierda, parecía capaz de conectar líneas y encontrar a Mbappé. A pesar de eso, las asociaciones fueron escasas y casi siempre bien defendidas por los valencianistas, que se ordenaron con línea de cinco y ayudas constantes.
Con el paso de los minutos, el Valencia ganó confianza. Rioja y Gayà empujaron por los costados, Hugo Duro peleó cada balón y el conjunto local encadenó varios acercamientos peligrosos, sobre todo a balón parado. Tchouaméni y Camavinga tuvieron que multiplicarse para apagar fuegos en el área, mientras Huijsen dejó algunas dudas en la salida de balón.
Las mejores ocasiones llegaron del lado madridista, pero siempre de manera aislada. Mbappé tuvo hasta dos disparos claros al palo corto, ambos repelidos por Dimitrievski, decisivo con los pies. También Güler y Valverde probaron desde la frontal, sin encontrar portería. Demasiado poco para un Madrid que solo logró controlar al Valencia en los últimos minutos de la primera mitad, con posesiones más largas pero sin profundidad ni movilidad.
El descanso llegó como reflejo de lo visto: empate sin goles, sensación de partido plano, aburrido y la impresión de que todo debía cambiar tras el paso por vestuarios. Mestalla apretó, pero el fútbol se hacía esperar.
Una segunda parte marcada por el desgaste y la eficacia blanca
La segunda parte arrancó con el Valencia intentando mantener el tono competitivo del primer tiempo. De hecho, los de Corberán tuvieron la primera gran ocasión tras el descanso, con un remate de Beltrán que se marchó fuera por poco. Más adelante, un cabezazo del propio mediocentro se estrelló en el palo largo de Courtois, que como siempre se vestía de salvador. Mestalla empujaba y el equipo parecía sostenerse desde la defensa y la fe, aunque cada vez más cerca de su área y con síntomas evidentes de desgaste.
El partido cambió en el minuto 65, cuando el Real Madrid encontró el premio que llevaba tiempo rondando. Álvaro Carreras recogió el balón en banda, vio el pasillo interior y se lanzó al área entre piernas para definir con la derecha al palo corto de Dimitrievski. Un gol individual, casi aislado del contexto del partido, que supuso un mazazo anímico para un Valencia, que hasta entonces había resistido con orden. A partir de ahí, el equipo local empezó venirse abajo. Por su parte, el Madrid, sin necesidad de acelerar en exceso, comenzó a encontrar espacios que no había tenido antes.
Con el Valencia volcado y ya con más corazón que cabeza, el encuentro quedó sentenciado en el minuto 92. Un pase largo de Huijsen rompió líneas, Brahim ganó la espalda de la defensa y puso el balón al área para que Mbappé, el de siempre, definiera con frialdad ante la portería. Era el 0-2 y el 23º gol del francés en Liga, que cerraba el partido y silenciaba definitivamente Mestalla.
El pitido final llegó entre una sonora pitada y cánticos contra Corberán, reflejo de un Valencia tocado anímicamente y cada vez más cerca del descenso. Mientras tanto el Real Madrid, en su línea, continua sin brillo, sin pasión pero con una eficacia les mantiene a un solo punto del Barça en la pelea por el título.
