Afición Getafe | Foto: Getafe C.F.
¿Conocéis la famosa paradoja del «Efecto Mateo»? Esta contradicción social explica como los ricos o poderosos reciben cada vez más ventajas, mientras que los débiles no recibirán nada. Pues bien, parece escrito y pensando para explicar el fútbol moderno.
El Getafe C.F., como tantos equipos pequeños, lleva años siendo el protagonista de esta paradoja. Cada vez que salen los horarios, el patrón se repite con una precisión casi matemática. Cuando la Liga tiene que «sortear» el calendario de jornadas, casualmente los más desfavorables caen en campos como el Coliseum, el RCD Stadium o el Manuel Martinez Valero. Viernes por la noche, lunes laborables, días en los que el fútbol deja de ser una fiesta para convertirse en algo totalmente secundario.
Esta temporada, sin ir más lejos, los azulones ya han jugado el 15% de sus partidos los viernes o lunes. Una minoría del calendario pero que parece perseguir siempre a los mismos. Mientras tanto, basta con fijarse en el Real Madrid CF o el FC Barcelona para ver la otra cara de la moneda, 0 partidos en dichos horarios. Los equipos que menos partidos entre semana han jugado. A ellos les «toca» sábados y domingos, horarios cómodos, estadios llenos, un conjunto perfecto. El contraste es evidente. No es lo mismo salir del Coliseum Alfonso Pérez un lunes a las once de la noche, sabiendo que el despertador suena a las siete, que hacerlo un sábado, con tiempo para disfrutar, comentar el partido y vivir el fútbol como siempre se ha vivido.
Es de todos conocido que el Bernabéu, el Metropolitano o el Camp Nou tienen colas de espera para ser llenados, que cualquier día van a completar el aforo, o al menos van a acercarse. Sin embargo los campos que de verdad necesitan la entrada completa para subsistir tienden a amontonar butacas vacías porque muchos no pueden asistir. Es muy fácil darle a los equipos con estadios más pequeños los horarios más comprometidos. Porque si, Tebas debe tener enmarcado en su despacho el evangelio de Mateo que nombra a esta paradoja, “Porque al que tiene, se le dará más, y tendrá en abundancia; pero al que no tiene, incluso lo que tiene se le quitará.”
Porque el problema no son los horarios en si. ¿Alguien piensa en José Manuel?, ese aficionado del Getafe con un trabajo normal, un sueldo normal, que paga su abono religiosamente cada verano pero no puede ir a ver a su equipo porque tiene que elegir. Elegir entre el fútbol y el descanso. Entre la pasión y la responsabilidad. Y la pregunta es inevitable: ¿por qué siempre ellos? ¿Por qué nunca los grandes? ¿De verdad alguien imagina el Santiago Bernabéu o el Spotify Camp Nou encadenando lunes noche de forma habitual? La respuesta es tan obvia que ni siquiera necesita explicación.
LaLiga es un negocio, y como todo negocio, protege lo que más dinero genera. Los grandes atraen audiencias globales, venden derechos internacionales, sostienen el espectáculo. Pero alguien tiene que ocupar los huecos incómodos. Alguien tiene que jugar cuando nadie quiere. Y casi siempre son los mismos. Equipos como el RCD Espanyol, el Elche CF, el Girona FC y, por supuesto, el Getafe. Los clubes que mantienen viva la competición pero nunca se benefician de ella.
Y así, poco a poco, se construye una desigualdad. Menos gente en el estadio, menos ingresos, menos ambiente, y por supuesto, menos crecimiento. Mientras otros siguen creciendo, siguen llenando, siguen dominando también fuera del campo. Nadie pide privilegios. Nadie pide trato de favor. Solo equilibrio. Porque el fútbol siempre ha sido de la gente, de los que disfrutan en la grada, no de los que se ven obligados a mirar el reloj un lunes por la noche calculando cuántas horas les quedan para volver al trabajo. Pero mientras el calendario siga funcionando bajo la lógica del efecto Mateo, el Getafe seguirá jugando partidos que los aficionados no pueden ver. Y en el fútbol perder eso es perderlo todo.
