El gol de la victoria . Foto Vía X (@RayoVallecano).
El Rayo Vallecano lo volvió a hacer. En una noche europea cargada de emoción, el conjunto franjirrojo derrotó al Lech Poznań en la tercera jornada de la Conference League. Vallecas vivió un partido que comenzó torcido, pero que terminó siendo una auténtica oda al coraje. Con los cambios en el segundo tiempo, el Rayo encendió la chispa de la remontada y selló su segunda victoria continental. Una noche mágica, de esas que se quedan para siempre en la historia del barrio.
Baño de agua fría en el primer tiempo
El encuentro arrancó con un Rayo encendido, desbordando energía y ganas de dominar desde el primer instante. Pero aquel ímpetu inicial comenzó a desvanecerse con el paso de los minutos. El Lech Poznań dio el primer aviso con un pase en profundidad que obligó a Lejeune a cortar con falta. El jugador rayista fue amonestado, aunque tras la revisión del VAR, el árbitro interpretó que había simulación y terminó retirándole la tarjeta. Un primer susto que encendía las alarmas en Vallecas.
Y unos minutos después, llegaría el primer golpe en la mesa . En el minuto 11, la estrella de Honduras Luis Palma aprovechó un despiste defensivo y con un remate preciso puso el 0-1. El estadio quedó en silencio, como si el frío se hubiera colado de repente entre las gradas. Aun así, la afición no se rindió: cantó, empujó y trató de despertar al equipo, fiel a su espíritu de barrio que nunca se da por vencido.
El Rayo lo intentaba con coraje, con disparos que coqueteaban con el milagro, pero la suerte parecía mirar hacia otro lado. Y justo cuando el descanso se acercaba, llegó otro golpe que dolió en el alma. En el minuto 39, Kozubal aprovechó un balón suelto en el área y lo mandó al fondo de la red con una definición soberbia. Un mazazo brutal, un baño de agua helada que ponía a prueba la fe, el orgullo y el corazón de todo Vallecas.
Vallecas creyó… y el Rayo obró el milagro
Los locales arrancaron la segunda mitad con la misma inercia del final del primer tiempo, y eso obligó a Iñigo Pérez a mover el banquillo. Entraron Pedro Díaz, Alemão, Ratiu e Isi para cambiarle la cara al equipo. Y vaya si lo hicieron. Apenas un minuto después de su ingreso, en el 58’, Isi apareció en el área para cazar un centro de Pedro Díaz y marcar el gol que encendió la llama de la remontada.
Vallecas rugía. El estadio se convirtió en una caldera, y los jugadores lo sintieron: el impulso del barrio estaba más vivo que nunca. El Rayo siguió insistiendo, empujado por su gente, aunque el empate se hacía esperar. Hasta que apareció Jorge de Frutos, que en el 83’ empató el partido con un derechazo que desató la locura en las gradas.
El ambiente era eléctrico, cada balón se celebraba como una final. Y cuando parecía que el empate sería el desenlace, llegó el momento soñado. En el 93’, Álvaro García se desmarcó, y definió con el alma para firmar el 3-2 definitivo. Vallecas explotó. Una remontada mágica, escrita con coraje, fe y el espíritu indomable de un barrio que nunca deja de creer.
