Vinicius rumbo a Lisboa | Foto: RM
El Real Madrid se encuentra volando a Lisboa. Con miedo, nervios y, quizás, esperanza. Esperanza de que el encuentro ante la Real Sociedad no fuera un simple espejismo, de que Vinicius JR siga acertado cara a portería y de que el equipo se entienda más de dos partidos seguidos.
Por su parte, Lisboa vuelve a latir, con algo más de confianza que los blancos, lógico después de su anterior encuentro. Lo que está claro es que el partido promete ruido, pasión y sobretodo cuentas pendientes de las que ya nos tiene acostumbrados la liga de campeones.
El SL Benfica y el Real Madrid, esta vez en la ida del playoff de la UEFA Champions League, ya están preparados para el choque. Y es que no es un cruce más, es la revancha inmediata de aquel 4-2 de la última jornada que empujó a los portugueses hacia esta ronda y dejó al Madrid fuera del top 8. Aquella noche aún escuece en Valdebebas.
Los de Álvaro Arbeloa aterrizan en Portugal con una mezcla de orgullo herido y sensación de crecimiento. Vienen de unos días un poco más luminosos en LaLiga, con futbolistas como Vinicius JR recuperando su chispa y un vestuario más unido, quizás por esa famosa cena de conjura. Pero Europa no permite distracciones, y los merengues ya lo han sufrido.
El espartano ya ha movido ficha, con la cantera por bandera ya ha rebelado quienes serán los 25 elegidos para la batalla. Joan Martínez y Thiago Pitarch, podrían tener la oportunidad de debutar, un guiño al talento joven en un momento de exigencia máxima. Es un mensaje doble, confianza en la cantera y aviso interno de que nadie tiene el puesto garantizado. El técnico sabe que la eliminatoria puede decidirse en detalles y que la energía fresca, en noches así, no es un recurso menor.
Enfrente estará el Benfica de Don José Mourinho, que como ya acostumbra, ha convertido la previa en un ejercicio de psicología fina. “Son los Kings”, dejó caer el portugués recordando las 15 Copas de Europa del Madrid con una media sonrisa. Pero también lanzó una advertencia «un rey herido es peligroso». Mourinho juega a eso, a tensar el ambiente sin romperlo, a elogiar mientras afila la daga. Su equipo llega convencido de que el plan que funcionó en la fase liga puede volver a hacer daño.
En la memoria de los aficionados aún flota la imagen de Anatoliy Trubin subiendo al área en el último suspiro y marcando aquel gol que terminó de descolocar a los blancos. Lisboa celebró como si fuera una final. Madrid se fue decepcionada. Y esa escena resume bien el estado emocional del cruce. El Benfica siente que ya descifró la formula del Madrid, y el Madrid quiere demostrar que aquello fue un simple desliz.
Vinicius ya lo dejó claro antes de viajar: “Perdimos el primer partido, ahora tenemos una segunda oportunidad y tenemos que ganar”. No hay eufemismos. Hay necesidad. Y cuando el Real juega con necesidad en Europa, suele activar una versión fría, competitiva, casi implacable. Si algo está claro es que el escudo del Madrid pesa, la Champions es tan caprichosa como siempre, y Lisboa dictará la primera sentencia. En este tipo de noches, la historia ayuda… pero no es la encargada de resolver el marcador.
