Jugada Vini Jr | Foto: RM
Un Real Madrid sin respuestas volvió a dejarse puntos en Vallecas ante un Rayo intenso y valiente, dominador en la presión pero sin acierto en el área
El equipo blanco llegaba a esta jornada número 12 de La Liga rodeado de dudas respecto a su juego. Xabi Alonso llevaba semanas insistiendo en la falta de continuidad tanto en la presión como en la circulación. Ya el once reflejaba esa búsqueda de identidad aún incompleta, defensa retocada, roles cambiados y necesidad de moral tras el batacazo en Anfield.
El Rayo Vallecano, por su parte, afrontaba el partido en plena ola emocional, remontada copera, estadio lleno y sensación de estar reencontrando su identidad competitiva. Íñigo Pérez pedía presión alta, energía y sobretodo esa personalidad que ya en otras ocasiones les ha hecho luchar entre gigantes.
En Vallecas el barrio acompañaba, una previa larga desde el medio día, la calle llena, bufandas colgadas en balcones y mucha expectación, porque ya tenían claro que era un día grande. El estadio, sin grada visitante habilitada, fue fortaleza total del Rayo. Tifo reivindicativo, música alta, animación activa desde el calentamiento. Se olía que era un partido complicado para ambos, y lo fue.
Una primera parte de poco fútbol y mucho ritmo
El balón empezó rodando más que las ideas en una primera parte plana y que reflejaba la falta de jugadas. En el minuto 3, Güler probó desde fuera del area y obligó a Batalla a estirarse por primera vez. Pero el aviso real llegó por el otro lado, Ratiu, con un ritmo muy alto desde el inicio, encontró pasillo y en el 20’ obligó a Courtois a salvar un disparo peligroso en el área pequeña.
El Madrid solo llevaba a cabo jugadas fugaces y que no acaban de culminar. En el 21’, Vinicius tuvo la ocasión más clara tras un centro que quedó muerto en el área, controló y remató con intención, pero Batalla sacó una mano espectacular, la parada del partido. Y justo después, en el 23’, Brahim colgó una pelota precisa apara Asencio, que remató solo, pero sin la fuerza ni la dirección suficiente para transformarlo en gol.
El Rayo, mientras tanto, presionaba con convicción y provocaba errores. Courtois, en varias ocasiones, terminó enviando pelotazos forzados ante la falta de huecos para buscar un pase. Huijsen vio la primera amarilla en el 35’ y Xabi Alonso comenzó a preocuparse, el equipo no lograba superar la primera línea rayista.
Al descanso, el 0-0 brillaba en el marcador y la sensación era clara, el Rayo estaba más metido en partido que el Real Madrid.
Una segunda parte de Vallecas y paciencia
Con la reanudación del encuentro entró Militao al césped, buscando corregir la fragilidad que mostraban los blancos atrás. Pero el guion general siguió igual, el Rayo mantuvo la presión, y el Madrid siguió dependiendo de acciones individuales. En el minuto 51, Arda Güler tuvo una buena opción entrando al área, pero su disparo curvado se marchó rozando el poste. Fue un “uy” momentáneo, que apenas volvería a repetirse y que por su puesto no formaba ningún plan consistente.
En el 59’, Mbappé intentó su clásico disparo cruzado desde la izquierda, y el balón pasó cerca, pero sin encontrar portería. El Madrid dominaba algo más el balón, sí, pero sin acelerar ni conectar entre líneas. El Rayo, en cambio, olía cada transición como si fuera la buena. La ocasión más clara de los locales llegó en el 66’, cuando Álvaro entró al área con decisión y su disparo salió rozando el larguero. Vallecas rugió y el equipo blanco tembló.
Los cambios, aun que tardíos, movieron el ritmo, entraron Rodrygo, Ceballos y Trent, pero ninguno cambió la dinámica. El Rayo, con piernas frescas (Fran Pérez, Óscar Valentín, Alemao), mantuvo el pulso físico hasta el final.
En el 90, Óscar Valentín tuvo la última clara desde la frontal, un disparo que se marchó fuera por centímetros y que resultó cardiaco para la gran mayoría del publico
Los últimos cuatro minutos añadidos fueron puro nervio, centros del Madrid , contras del Rayo, ruido y piernas temblando. La última jugada fue un córner ejecutado por el Real Madrid, con caída de Mbappé dentro del área, pero que no acabó en nada y mucho menos movió el marcador.
Con el pitido final la conclusión fue que Vallecas volvió a ser Vallecas. El Rayo jugó el partido que quería. El Real Madrid volvió a reflejar esa falta de ritmo e ideas. Y el empate sabe muy distinto en cada uno de los equipos.
